¿Hacia dónde va el arte hoy? Nuevas perspectivas artísticas que interpelan

Por Martina Szajowicz

Preguntarnos por el futuro del arte es meterse en la boca del león. Siempre lo fue y lo será. Querer encontrar un único sendero hace que lo limitemos y nos limitemos. Como en cualquier momento histórico, el arte no es unívoco y lineal. Distintos grupos, líneas de trabajo diversas, conflictividades sociales múltiples y problemáticas humanas lo determinan; y convocan nuevos modos de hacer y percibir.

Por lo tanto, pensar que todo el arte que se produce se dirige hacia un mismo lado: es reducirlo. El arte es tan complejo e inabarcable como cualquier elemento que pertenece y compone lo social. Todos los condicionantes como productores, artistas, espectadores lo amoldan según su perspectiva. Ellos, al ser sujetos únicos con ideas disidentes, hacen que el arte sea de este modo, diverso y complejo.

Sin embargo, hace un tiempo ya que podemos dilucidar algunas líneas de trabajo comunes. Por ejemplo, artistas que explotan modos antiguos de realización con temáticas nuevas, desde el grabado, la porcelana y el muralismo. Denotándonos una regla que sí determina a la historia del arte: la reinvención constante del arte. Sin embargo, actualmente, hay una nueva línea de creación artística que está llevando la delantera: el arte en relación con la tecnología. No sólo su vinculación a nivel material, por ejemplo creaciones artísticas a partir de elementos de chatarra tecnológica, como computadoras, o proyecciones de video-performance en televisores antiguos; sino que también un gran número de artistas realizan arte con un contenido social altísimo, criticando a la tecnología mientras la utilizan. Por ejemplo, es el caso de artistas como Hito Steyerl, quien creó un espacio, simulando un matrix, donde se proyecta en una pantalla un video juego, que en realidad está relacionado con su vida y cómo fue afectada a partir de las distintas catástrofes mundiales. Hace ver la realidad como un video juego, dando la sensación que hoy el mundo se maneja de este modo: ¿qué importa matar o morir si total nos quedan vidas de reserva?

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Asimismo, la creación de realidades virtuales, que nos conectan a máquinas pero nos desconectan de nuestra realidad, nos transportan y trasladan a lugares inimaginables desde la comodidad de nuestro asiento, un ejemplo de esto es el artista Jon Rafman. Este traslada al espectador hacia nuevos universos desde un museo, quietos o como se dice ahora “frizados”.

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Las tecnologías modificaron no sólo nuestra cotidianeidad, sino también todos los otros aspectos. El arte, como elemento constitutivo de lo social, se adapta, regenera y cambia, siempre en busca de satisfacer o disgustar a las sociedades que lo cobijan.

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