The square, o la obra del altruismo simulado

Por Tamara Snitman

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Estreno rodeado de polémicas, The Square ha llegado a las salas argentinas el pasado 16 de noviembre, luego de haber sido premiada con la deseada Palma de Oro en el 70º Festival de Cannes y postularse como película extranjera candidata al Oscar. Con evidentes y auto-declaradas influencias del cine de Buñuel, Haneke y Von Trier, el director sueco Ruben Östlund realiza un ensayo sobre el estado del arte como institución y la hipocresía de la sociedad actual.

Christian, paranoico y conservador director del museo de arte contemporáneo X-Royal, está preparando todo para la próxima instalación que llegará de la mano de una artista argentina, mientras se propone recuperar su billetera y celular que le fueron robados en la calle a partir de un típico cuento del tío. Sin embargo, aquí el argumento es lo de menos: “The Square” es el nombre de la instalación que pretende incitar valores altruistas en sus espectadores/visitantes, pero más que nada es un disparador para reflexionar sobre la utilidad (con perdón de la palabra!) del arte para transformar a las personas en el marco de convulsiones sociales del siglo XXI.

Para ello el film se colmará de momentos de vergüenza ajena y episodios absurdos que rozan el surrealismo, narrados con humor y cinismo: desde la destrucción por accidente de la estatua de un monarca, una periodista que tiene un simio como mascota, la performance de un hombre-mono que produce una catástrofe en una cena de burgueses, una obra de arte que es aspirada durante la limpieza, hasta una insólita trama persecutoria por un robo callejero.

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The Square retoma varios tópicos ya trabajados por Östlund como las diferencias sociales, el doble discurso de la clase acomodada, la xenofobia europea, los límites de la libertad de expresión y la falta de comunicación en un mundo hipercomunicado. Christian, quien parecía estar del lado de las causas humanitarias, sufre una especie de crisis existencial cuando debe entrar en contacto real con el Estocolmo de las clases obreras e inmigrantes. El propio director ha declarado: “Confiar en la sociedad es un valor fundamental en Suecia para sustentar nuestra forma de vida. Hoy en toda Europa estamos exagerando miedos al extranjero, al otro, que no son reales y nos conducen a la paranoia”.

Desde el inicio del film, los dardos apuntan también contra el ego del arte contemporáneo y el propio mundo del museismo. Una periodista le pide a Christian que explique su concepción de una exposición artística, a partir de lo cual se desarrolla una fuerte crítica a lo que históricamente se ha conocido como la Teoría Institucional del Arte: si colocamos un bolso en un museo, ¿eso lo convierte en una obra de arte?. Otro punto interesante que toca The Square es la creciente y preocupante tendencia al sensacionalismo en la era de las redes sociales, reflejada en la campaña publicitaria que se crea para difundir el evento a través de la creación de una controversia ficticia. Según Östlund, “resulta fascinante el entramado económico que sustenta la imbecilidad del arte moderno”. En el retrato de un mundo donde resulta difícil diferenciar el arte del marketing, reaparece la vieja polémica de los artistas entre forma y contenido.

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En esta película, el arte y la vida real se unen en un punto: todo se estructura en situaciones donde aparece la tensión entre la confianza y la desconfianza. La propia instalación “The Square” no es más que un cuadrado dibujado en el suelo que nos hace preguntar sobre la confianza en el otro, en el desconocido. Pero también se trata de la confianza tras un acto sexual, en las relaciones laborales, en lo que la gente dice de sí misma. Incluso se podría plantear: ¿se puede confiar en el arte de hoy en día? ¿cuál es el límite de una performance? Todo es fingido, hasta lo que se muestra como espontáneo está planificado de antemano; mientras que lo que es real provoca miedo.

El film pretende mostrar aunque sea una punta de la red de discursos que la sociedad ha levantado para sentirnos seguros y tener la conciencia tranquila. Si bien el resultado es provocador y creativo (su polémica se hizo tan extensiva que se ha cuestionado la pertinencia de su Palma de Oro), quizás la acumulación de situaciones extremas y patéticas deje varios cabos sueltos en cuanto al argumento y personajes. Se puede estar de acuerdo o no con la visión de Östlund, pero The Square es un plano físico vacío que espera ser contenido por quien lo vea.

 

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