¿La tercera será la vencida?

Por María Victoria Martín

(SIN SPOILERS)

Volvió David Lynch a la pantalla de los hogares, por ende hablamos del regreso de unos de los mejores macguffins planteados en la pantalla televisiva de los últimos treinta años, el misterio de “¿Quién mató a Laura Palmer?”, o como oficialmente se tituló la serie: Twin Peaks.

Pasaron décadas, y ya las cosas no son iguales a la primera parte de la historia enmarcada por el ingenio (y genio) de David Lynch con la cooperación de Mark Frost en uno de los fenómenos televisivos más arriesgados y poco convencionales jamás vistos en la década del noventa. La intención de filmar una serie con registro cinematográfico, y llevándole la contra a todo lo establecido hasta ese entonces (es preciso recordar que no existían series tan complejas en su dinámica actoral, visual e inclusive sonora) hizo rodar cabezas de críticos, desconcertados algunos, ofendidos otros, y una parte importante mediaba entre la extrañeza y la confusión.

Para quienes admiren al trabajo de David Lynch les es imposible no concebir su Universo cinematográfico sin contar con Twin Peaks, las mayores obsesiones del director se hallan puestas en un recorrido trascendental de ocho capítulos donde pocas pistas o señas se pueden obtener del asesinato de esta joven, entrañable y bella muchacha.

A simple vista la premisa de la serie parecía sencilla: un pueblo de Estados Unidos, un aserradero, un cadáver envuelto en un plástico transparente, un agente del FBI, múltiples sospechosos, la música de Angelo Badalamenti, mucho café con donnuts, tartas de cereza y el gran interrogante : ¿Quién mató a Laura Palmer?. Una pregunta que obtiene su respuesta, solapada, de la mano de uno de los personajes (apodado “Bobby”). Es él quien nos responde la miserable verdad del misterio:

– ¿Quieren saber quién mató a Laura Palmer? ¡Ustedes!

Lynch reconoce el valor de quien observa, de quién acepta las reglas del juego, culpando al espectador (como sucede en el cine, generando complicidad en los asesinatos siendo solo la audiencia los testigos del horror acaecido), tomando tal postura guía a los interesados de este culebrón por sus tierras surrealistas distrayéndolos con personajes inverosímiles y  peculiares, utilizando un lenguaje ¿poético? Y presentando escenas quiméricas que interceden en el relato para incomodar la acomodada visión y recepción de productos audiovisuales de acceso rápido que tanto ahondaban en aquel entonces.

La primera temporada expande más la duda acerca de la existencia o desaparición de Laura Palmer, y su vida, que se asemeja al espacio donde todo ocurre, Twin Peaks, aquel lugar alejado con pocos habitantes, de ¿ensueño?, en presencia de una atmosfera arcana, donde las montañas susurran cánticos y signos mitológicos (pueden observarse las pinturas murales con símbolos de la tribu Quileute), refiriéndose a un pasado latente, un pasado que aún enmarca a este territorio ¿maldito?. Twin Peaks lindera entre los enigmas sobrenaturales, la realidad de la juventud estadounidense, y los infortunios del inconsciente dejando una sobresaliente y entretenida temporada, la cual no fue suficiente para la cadena ABC que presionó para un final hermético y autoconclusivo, del cual Lynch contribuyó a duras penas, sin quitar, con mucho esfuerzo y tenacidad, su estilo.

Para la segunda temporada (estrenada el día en que nació la redactora de esta nota, que no viene al caso) David Lynch solo participó en los primeros capítulos, así como en el último, ya que se encontraba inmerso en una producción de un nuevo film, aunque resulta más creíble el rumor de que se retiró del proyecto por falta de motivación y por el teje y maneje de la cadena ABC.

A falta de Lynch, y solo con Frost los productores decidieron sumar un nuevo asesino a la trama que generó una decepción enorme para los fieles seguidores de la ficción, logrando así un fracaso con 22 episodios, temporada de la cual el mismo Lynch afirma que apestó.

En 1992 llegó la película “Twin Peaks: Fire Walks With Me” (El fuego camina conmigo), donde a modo de precuela los acontecimientos narrados preceden al asesinato de Laura. En dicha cinta, con una respuesta negativa por parte importante de la audiencia y critica, el resultado, en palabras de Jacques Rivette: “Es la película más loca de la historia del cine. No sé lo que sucedió, no sé lo que vi, pero salí de allí flotando seis pies por encima del suelo”. Luego de un eminente fracaso de taquilla, al paso de los años se convirtió en un film de culto.

En el 2014, Lynch decidió dar a conocer varios pasajes de la película que habían sido eliminados del montaje comercial. “Twin Peaks: The Missing Pieces” (Las piezas perdidas) contiene varios episodios memorables y expande aún más los contornos de esta tenaz alucinación.

Después de 25 años de meras sospechas, Twin Peaks regresó a la televisión para una tercera temporada formada por 18 capítulos (depositada en los anaqueles del imperio Netflix)  emitida (y producida) por la cadena Showtime .

Esta inesperada vuelta trajo consigo todo el espíritu de Lynch, traspasando los deseos de muchos, generando en momentos sorpresas, así como desilusiones, Lynch no viene a cumplir las pretensiones ni ilusiones de nadie, y trae consigo un arsenal de actores y micro escenas que despliegan acto por acto un hilo narrativo zigzagueante, con un paulatino ritmo sin apresurarse a satisfacer innecesariamente al espectador (esa sería su teoría esencial).

Por consiguiente para los amantes de Lynch la tercera temporada se consagra dividida entre homenajes a su filmografía, a la misma serie (la aparición de cada personaje, desde una opinión subjetiva de quien redacta, emociona), y a los nuevos formatos, ya que no hay que olvidarse que no estamos en el año 1990, y las fantasías, los placeres y hasta inclusive la obsesión por el café no siempre se encuentra en una taza de cerámica, sino que puede resultar descartable en vasitos de papel.

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