Mamiferoz, reflexiones sobre la crueldad

Por Lautaro Heger

Boris Vian es considerado como un polímata. Novelista, dramaturgo, poeta, músico de jazz, ingeniero, periodista y traductor. En su entorno familiar el arte era una cuestión importante, su madre era una amante de la ópera; su padre era poeta aficionado, traductor de inglés y alemán, aparte de interesarse por la mecánica y la electricidad. En su carrera como escritor abordó diversos géneros: novelas, críticas, teatro etc. De hecho, parte de su producción literaria ha sido llevado al ámbito teatral y cinematográfico. Entre ellas se encuentra El arrancacorazones, novela que, en el momento de su publicación, fue un rotundo fracaso y que constituyó uno de los motivos por los cuales Vian abandonó la narrativa para intensificar su trabajo en el campo de la industria discográfica, la composición musical y la actuación cinematográfica. El arrancacorazones inicia con la llegada de un psiquiatra a la casa en la que una mujer está pariendo; de esta forma, se engarzan las dos líneas generales de la narración, correspondientes a estos dos personajes, Jacquemort y Clémentine, que conviven paralelamente cada uno con sus preocupaciones. Jacquemort es la sátira del hombre existencialista: carece del todo de personalidad propia y sentido intrínseco, hasta tal punto que mediante su psicoanálisis quiere conocer tanto a alguien como para poder rellenar su hueco adueñándose del sentimiento y el pensamiento del otro. La maternidad deviene perversión en Clémentine quien, cuando nacen, se desinteresa por su trilliza prole, y transcurrido el tiempo limitará su existencia al cuidado de ella y a ser “buena” madre. Tomando dichas líneas de narración, la dramaturga y directora Gabriela Felperin compone un interesante relato en el que se respeta mucho al texto original del escritor francés. Los elementos escenográficos elaborados por Carlos Di Pasquo logran reflejar las intenciones de Vian en la novela: dar cambios bruscos, usar imágenes que chocan con las que el espectador se espera y utilizar expresiones nada típicas y de cariz muy creativo. Sin embargo, no logra complementarse con la iluminación, la cual en algunos momentos de la pieza, especialmente en los que interviene el recurso audiovisual, está trabajada sin sutileza e impide generar climas negros y macabros, a veces corrosivos y ácidos que proponen las escenas e imágenes salvajes, grotescas, escatológicas y sexuales, que en su mayoría aluden a la teoría psicoanalítica y su choque con el ideario del inconsciente. Augusto Ghirardelli, en su composición del psicoanalista, logra capturar la esencia del personaje, fundamentalmente en su incapacidad de ser atravesado por los sentimientos, debido a su obsesión por llevar toda su experiencia al filtro del psicoanálisis. Lucio Cerdá y Miriam Álvarez realizan una labor muy interesante, cada uno en un registro específico, el del hastío y la rutina por parte del actor y el del modo grotesco por parte de la actriz. Virginia Lustig, encarnando a la madre de los trillizos, no concreta la construcción de una progresión desde la total indiferencia a sus hijos hasta la obsesión que la lleva al borde de la locura y la autodestrucción, gastando y repitiendo todos los recursos que permitan dicha progresión desde en todos sus monólogos.

Funciones: Sábados 22.30hs en Espacio Aguirre

Dramaturgia y dirección: Gabriela Felperin

Actúan: Lucio Cerdá, Miriam Álvarez, Augusto Ghirardelli y Virginia Lustig

Entradas en: http://www.alternativateatral.com/entradas48968-mamiferoz

mamiferoz 2

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