Los señores de las llanuras van por el Oscar

Por María Victoria Martín (Maky)

Tras haberse llevado una importante suma de estatuillas en diversos festivales de los Estados Unidos y con cuatro nominaciones a los premios de la Academia, la película “Hell or High Water” (titulada en su versión castellana como “Sin nada que perder” o “Comancheria”) del ya reconocido David Mackenzie (“Starred Up”, “Hallam Foe” , “Asylum”, etc) no pasó desapercibida y ese reconocimiento obtenido se lo debe en gran parte a la cuestión sinécdoque del cine (el todo por las partes). Es un film que enseña las cicatrices de una sociedad norteamericana y su resarcimiento con respecto a la iniquidad de aquellos que “conquistaron” el terreno y lastimaron su identidad.

La trama se situa en el Oeste de Texas, donde dos hermanos , Toby (Chris Pine) y Tannen (Ben Foster) , deciden saldar su deuda robando, con tono anecdótico, las sucursales del Banco que le generó esa deuda , mientras que en el reverso de la narrativa se nos presentan dos rangers que los persiguen, el astuto anciano Hamilton (Jeff Bridges, con su brillante actuación) y su compañero de carretera, mitad indio mitad mexicano, Alberto (Gil Birmingham), quien será motivo de burlas por parte de Hamilton durante gran parte del film

La cinta posee grandes dosis de humor negro con relación a los prejuicios y costumbres del lugar, donde las personas actúan con arrogancia, descortésmente y por momentos se puede percibir una atmósfera de agobio colectivo.

El aporte de Taylor Sheridan en el guión (quien escribió “Sicario“) le otorga notas áridas y gestos audaces a los diálogos de los personajes, yuxtaponiendo el humor con tonos naturalistas.

Del lado técnico se halla la fotografía del polifacético Giles Nuttgens que ilustra los componentes escénicos pertinentes para comprender el meollo del film, encadenados con una magnifica banda sonora de la mano de Warren Ellis y Nick Cave.

Hell or High Water es un film con precedentes en el genero del new-west (Sin lugar para los débiles, a modo de ejemplo), no obstante tiene como detonante lingüístico la precariedad del sistema económico, tal como sucede en Nebraska (2013). Miles de planos panorámicos y generales  hacen alusión a un vasto terreno que nadie desea mantener o enaltecer por muy redituables que estos sean, se hallan desolados, dejados, olvidados. Los vaqueros, los granjeros y los rangers ya no son lo que necesita Estados Unidos, al parecer, son solo monedas antiguas fuera de curso que poseen como meta máxima de sus servicios, una jubilación. Ya no apetece explotar el desierto, ni hacerlo crecer. No existe una ideología nacionalista. La ambigüedad moderna confunde el paisaje de haciendas con autos último modelo conducidos por jóvenes groseros donde el miedo y el cansancio no provienen tanto del exterior, al contrario, surgen del interior, de un rencor encarnado en esos pobladores.

Podría afirmarse que Mackenzie deja dicha moraleja en el film: los únicos comancheros  (aquellos que en el pasado eran comerciantes y estafaban a los indios)en el presente resultan ser las instituciones privadas.

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